18 julio 2008

A vein blows in the musical sorrow

La fecha no importa tampoco.

A veces pasa (y mirá que sí pasa), que uno no sabe hasta qué punto uno raya la locura o es cuerdo perimetralmente. No digo que esté loca, sino que estoy más bien en una etapa de punk comercial, una etapa que no es subversiva por analogía, pero tampoco se la puede catalogar de algo falso, algo que no existe. Existe, y está ahí, está ahí para decirme qué hiciste mal con tu vida que todavía no sos brillante, que hiciste mal con tu tiempo que todavía no hiciste algo útil sino mas bien futil.

Date cuenta que ni siquiera servís para entrar dentro de un estereotipo, como podría ser la novia romántica, la geek, la mina que es más puta que las gallinas.

Ni eso, porque si fuera más puta que las gallinas, podrían decirme puta y podría enorgullecerme de ello, pero ni siquiera eso, porque tengo otro tipo de carácter, uno que se debería haber definido hace años pero que quedó como un juego inconcluso, y que no tiene sentido ni razón de ser empezar a armarlo ahora, definirlo no me va a ayudar en lo más mínimo, porque capaz y tal vez no quiero definirlo.

Y me molesta dejar todo inconcluso, excepto que lo único que terminé fue lo que me daba algo de siniestra cordura, porque dejaba expresarse desde lo más banal hasta lo más crítico y punzante de mí. Y lo cambiaste por un blog de cuentos, uno de esos tantos que hay diseminados por toda la blogosfera, que expresa tu obra pero no expresa lo que sentís, porque capaz que estás para la mierda y tenés que escribir palabras felices, por más que te cueste admitirlo, caíste en la hipocresía de la ficción. Y una ficción bastante aclichesada, debo agregar.

Tenés esa cosa burguesa de que te conformás con poco, pase lo que pase sos indiferente a la realidad que te rodea. Y eso dentro de todo no está mal, porque la realidad que te rodea parece sacada del surrealismo más perverso, ése que parece estar dirigido por Paris Hilton en una versión ¿tarantinesca? llena de maniquíes a los que sólo le importa lo que los demás ven.

Es decir ¿a quién carajo le puede importar si escuchás a los Stones o a Pecho e Fierro? A nadie salvo a aquéllos que la vida le transcurre por la megalomanía, también aclichesada, de definir a las personas por lo que escuchan, porque tal vez entiendan que aquello que otros expresan en palabras los identifica con algo, con un status quo de las cosas que no tienen razón de ser.

Me convertí en un bicho de aquéllos a los que la vida se les resbala entre los dedos, y no quieren hacer nada al respecto, porque lo que los demás quieren les resulta tan banal como la premisa misma.

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